Una bicicleta amarilla despertó al rey de la primavera de su sueño de dos meses
"Papá Noel me trajo esta bicicleta amarilla. Y allá está lleno de juguetes", cuanta Nahuel, todavía asombrado por los regalos, pero la vocesita se le lentifica en el pensamiento. Cuántos chicos habrán dicho estas palabras en estos días, exultantes, en la vereda de la casa. Por el momento, Nahuel no puede treparse a la bici: permanece en su cama, en la habitación de aislamiento de Terapia Intensiva, en el Hospital del Niño Jesús.
Sus ocho años parecen 11 porque es un chico fornido, y a su menuda mamá le cuesta ayudarlo a incorporarse. A Adriana Acosta no le importa: lo mima, le celebra cada gesto y cada pedido.
El 4 de octubre, a Nahuel le dolía mucho la panza. Lo llevaron al hospital Avellaneda, donde le hicieron estudios, y luego lo derivaron al de Niños. Lo atendieron tras muchas horas de espera a la noche, y Nahuel empeoraba. Examinaron los análisis que llevaban ellos pero ordenaron otros. Salió que era apendicitis y quedó en observación hasta el otro día. "Durante la noche el chiquito se revolcaba de dolor y exigimos atención inmediata", recuerdan.
Lo internaron y el cirujano dijo que estaba para operar. Lo prepararon y fue al quirófano jugando con el padre. "'¿Me esperás aquí papá?', me preguntó al entrar -recuerda Alejandro Carrazco-. Nos dijeron: es cosa de media hora a una hora. Se va a la casa a la tarde. No le hicieron electrocardiograma pero aseguraron que estaría monitoreado. La anestesista preguntó peso y edad".
"Pasaron las horas y lo sacaron por la puerta de atrás, entubado, con oxígeno, con saturómeto. Nosotros, en total shock, -relata-. 'Tu chiquito hizo un reflejo e hizo un paro', fue la explicación del cirujano".
Nahuel fue llevado a Terapia Intensiva mientras los tranquilizaban con que ya se iba a recuperar.
"Pasaron 72 horas y recién pudimos verlo -se aflige de nuevo-. Cuando le sacan el oxígeno estaba despierto. Me acerco y me dice: 'papá, ¡no te veo!, tras lo cual hizo una crisis de nervios. Tuvieron que dormirlo. Al quinto día ya le sacaron los tubos y le pregunté qué quería. 'Jugo' fue lo último que me dijo hasta casi dos meses después, porque se quedó dormido. Le hicieron todos los estudios dos veces y salían normales".
"Paro cardiorrespiratorio, 3, sin reacción: el cerebro no recibió oxígeno y se absorbió un poco. Reaccionó el corazón pero se inflamó el cerebro', explicó en términos legos la doctora que lo reanimó después del paro. 'No podemos saber qué va a pasar; hay que desinflamar y después empezar a ver las secuelas'".
Cuadro complicado
Nahuel entró en coma total, con posición neurológica. No veía ni hablaba. Estaba desconectado temporoespacialnente. "Él no se movía, tenía problemas motrices; hacía crisis de nervios, picos de fiebre, convulsiones. Había cambiado el sueño: dormía tres horas de día. Había que anestesiarlo porque si no se le contracturaba todo el cuerpo. Estuvo al borde de la traqueotomía y del botón gástrico. Sin embargo, clínicamente no tenía nada", explica el padre.
Crescencia
La hermana Silvia, que trabaja en la capilla, les llevó unas fotos de la hermana Crescencia Pérez. "La están por beatificar, tenés que leer el libro. Me voy a su beatificación en Pergamino, me contó. Llévele una remerita de Nahuel", le pedí.
Alejandro y Adriana vieron que aquel nene que jugaba al fútbol en UTA; que iba a taekwon-do dos veces por semana; que se lucía bailando como wachiturro; que salió rey de la primavera en segundo grado de la escuela Lucas Córdoba (y no les avisó) volvería a casa inerme. Les ofrecieron, como salida de rehabilitación, trasladarlo al Fleni en avión sanitario, pero se opusieron.
Cuando volvió la hermana Silvia les trajo una imagen de la Virgen de San Nicolás, la remera de Nahuel bendecida por el Nuncio apostólico y un rosario violeta de la hermana Crescencia. "Se los pusimos a las tres de la tarde y a las siete el rosario estaba transparente. Y ahora está volviendo al violeta. No lo lavamos, no ha transpirado", cuenta la mamá, todavía asombrada.
"Eso fue un viernes -rememora Alejandro-. El neurólogo pidió que lo bajáramos a la plaza, a que se contactara con la naturales y con los familiares. El domingo siguiente vino toda la familia y llevamos a Nahuel en su silla de ruedas. Los primos jugaban a la pelota. ¿Vos ves a los primos? le pregunté. 'Sí, los veo papá', ¡me contestó! O sea, veía y hablaba por primera vez en dos meses. No lo podíamos creer. En ese momento la pelota cayó al lado de su pie. Y él quiso patearla. '¿Querés pararte? 'Sí', dijo, y lo ayudamos a incorporarse. Lloramos todos".
"Él estaba desahuciado. Toda la recuperación la vimos a partir de ese momento. Nosotros no creíamos en milagros, hasta ahora", afirma Adriana.
"Cuando vino el neurólogo apoyó en la pared las dos manos y repitió que no podía creer el grado de conexión. Mirá papá: esto no es clínico, conjeturó más de una doctora. Creíamos que lo habíamos perdido clínicamente, y que con suerte empezaría a recuperase dentro de un año, o más, dado el daño en su cabeza", expresa Alejandro.
A Nahuel ya le sacaron la sonda y se alimenta normalmente. Recuerda todo; la memoria la tiene intacta. Está tranquilo, juega, mira la tele y se entretiene junto con sus padres. Y recibe a muchos visitantes incrédulos, sobre todo personal de otras áreas del hospital.
Pero en estos meses no solo Nahuel perdió la escuela. Alejandro (33) y Adriana (30) perdieron sus trabajos (él estaba a punto de quedar efectivo en una empresa constructora y ella trabajaba como empleada doméstica).
Viven en El Colmenar, en una casilla prefabricada de tres por cuatro. Y Nahuel ya podría ser dado de alta pero los médicos consideran que en su delicada condición requiere un hábitat digno, que garantice un confort mínimo para que pueda rehabilitarse.
- ¿Qué vas a ser cuando seas grande, Nahuel?
- Cuando sea grande voy a trabajar para comprarle cosas a papá; voy a trabajar de hombre.


